martes, 16 de agosto de 2011

Ese oscuro objeto del cambio

ESE OSCURO OBJETO DEL CAMBIO


Por: Sonia Liced Sánchez

Hace algunas décadas el gurú de la era massmediática Marschal MacLuhan advirtió con desparpajo que la aparición de nuevos medios y tecnologías determinarían un cambio absoluto en nuestra manera de percibir, representar e interpretar el mundo. En su singular propuesta, los medios funcionan como extensiones de nuestros sentidos y órganos, ampliando las posibilidades de movilidad,  interacción, creatividad y conocimiento. ¿Cómo se entiende esa sentencia hoy día? ¿Cuáles son sus bondades? ¿Cuáles sus contradicciones? he elegido hablar de ello porque la resistencia al cambio, ya sea por razones ideológicas o prácticas, nos coloca en el callejón sin salida del desconocimiento y la instrumentalización, lejos de posturas críticas y creativas que posibiliten una interpretación de las transformaciones del paisaje semiótico y comunicativo.

I Del gesto a la palabra…Del pictograma a la imagen digital 


La historia confirma que la actualidad no es el hervidero de la transformación comunicativa y tecnológica, ni el glorioso advenimiento de la  imagen; al revisar el proceso filogenético de evolución del lenguaje y el de configuración de las culturas aborígenes, se vislumbra que el cambio ha sido la constante en pro de una mejor y más provechosa comunicación y que la imagen ha sido un factor intrínseco del desarrollo simbólico de las comunidades.

De esta manera, el gesto, facial y corporal, junto a  los balbuceos y chillidos fueron primero, después vino la palabra y con ella la oralidad, luego la escritura y con ella la imprenta; la escritura no acabó con la oralidad ni ésta con la gestualidad, ya que en una amalgama casi perfecta se complementan y hacen más rica la comunicación cotidiana, resultado de una hibridación de modos que nos permite, aún bajo el influjo del mal entendido, entendernos.  Al respecto vale decir que filósofos como Aristóteles, por ejemplo, no vieron con buenos ojos la aparición y uso de la escritura, para el griego ésta degenera las facultades nemotécnicas del hombre dejándolo desprovisto de un pasado que existía como mera reminiscencia sembrada en un papel que, entre otras, exime al individuo del ejercicio cognitivo. Cuestión que bien se puede cuestionar si se piensa en que la escritura  demanda un ejercicio lógico e imaginativo que fortifica la materia gris.

Ahora bien, en cuanto a la imagen y su preponderancia actual, ésta ha sido elemento de representación y comunicación desde los tiempos más remotos, los pictogramas, los jeroglíficos  y los ideogramas son un tipo de escritura basado más en imágenes que en grafías,  y evidencian el carácter iconográfico de nuestras prácticas culturales y cognitivas  que, sin embargo, siempre han sido legitimadas desde el logocentrismo, es decir, concibiendo a la palabra principio de todo ejercicio intelectivo. Cabe agregar que la persecución a la imagen se ha dado, no sólo por su supuesta invalidez epistémica sino también por ser en algunas sociedades estímulo de la adoración e idolatría pagana. Esta situación de desprecio para con la imagen ha llevado, a que se le vea de manera transparente sin sospechar de su potencial semiótico e ideológico, lo cual  a su vez la ha conducido a ser hiperexplotada por la publicidad, pero excluida de los procesos de aprendizaje, formación y configuración de la identidad y la cultura que no se percatan de que es ésta el motor su transformación.

Lo anterior demuestra que los sistemas y sentidos  tradicionales de entrada y salida de información (ojo- visión, oído- audición/lenguaje articulado, lenguaje corporal) se han especializado y depurado con la aparición de nuevas tecnologías y medios, que como extensiones de los mismos han posibilitado la conquista de otras realidades, de otros mundos. La mano, por ejemplo,  encuentra hoy día en el mause y los controles su mejor extensión, interfaces que posibilitan la interactividad en espacios antes impensables.    

II Multimodalidad…Multimedialidad

Dadas las demandas de interpretación del emergente paisaje semiótico y comunicativo labrado en la efervescencia de la tecnología, la virtualidad y lo digital, los teóricos consolidan puntos de vista que hacen converger todos aquellos sistemas, modos, lenguajes que a través del tiempo han resuelto nuestras necesidades de comunicación, de intercambio. Así nace el concepto multimodalidad el cual, desde los terrenos de la semiótica discursiva, busca nombrar a los discursos gestados a partir de más de un sistema de comunicación,  la conversación es un buen referente de lo multimodal pues en ella actúan palabras, gestos, sonidos no articulados, lo que demuestra que la mayor parte de nuestras interacciones, desde el origen, se dan gracias a esa multiplicidad de sistemas. Siguiendo con la ilustración, el cine y la publicidad encarnan también la multimodalidad, pues en cada uno de estos discursos convergen palabras, gestos, imágenes, música, entre otros, hecho que no elimina la virtud de cada uno de los modos sino que los potencia y otorga al productor más elementos para que cree, innove, imagine.

Muy cerca de lo multimoda reside lo multimedial que representa la combinación de diferentes medios para la producción de discursos comunicantes. Nótese que ambos conceptos aluden el uso y estimulación de varios de nuestros órganos y sentidos, lo cual es también un estímulo y un desafío para nuestra mente.

III Reflexiones finales

Así como la escritura no acabó con la oralidad porque somos sujetos de inmediatez y emoción; la fotografía no acabará con la pintura (que no me escuchen los artistas plásticos ortodoxos) porque ambas constituyen retos para la imaginación, así como tampoco la televisión y la internet acabaran con la literatura, es más, quizás estos medios sean un vehículo para su difusión, ya que las versiones torpes e incoloras de adaptaciones literarias que hemos presenciado deben su precario desempeño no al medio como tal, y mucho menos a la multimedia, sino a la falta de seso y talento de productores, directores y actores que no han entendido que el medio no es el mensaje y que el mensaje debe tener fondo, carne, esencia.

Queda claro entonces que la convergencia de medios, físicos - digitales, y su uso permite que el paisaje semiótico, paisaje de interpretación y producción de comunicación y significación, sea habitado con creatividad y reflexión, la multimodalidad y la multimedialidad nos acercan a un entorno donde la comunicación no tiene espacio ni tiempo, donde el conocimiento es público y la imaginación es cuestionada por la versatilidad de la navegación hipermedial, la inmersión en el ciberespacio y la simulación.  Por ello, la convergencia digital no puede ser la palanca de discursos que sacrifican la esencia y el contenido por la difusión avasalladora en todo tipo de medios; por el contrario la convergencia debe ser una posibilidad para construir discursos más innovadores y profundos, que lleguen a todo el público y que posibiliten también al individuo del común ser creativo, propositivo y crítico,  potenciar sus sentidos y sus posibilidades de expresarse, interactuar  e interpretar.

Para terminar, es importante retornar la idea de MacLuhan y asentir la validez de su propuesta, pues en definitiva los medios son extensiones que hacen que las posibilidades de conocer, aprender, imaginar y comunicar se desborden, el automóvil, la radio, la televisión, el computador han hecho que percibamos el mundo de otra forma y que la interactividad supere el plano de lo real alojándonos en el virtual, desconocer esta impronta es desembarazarnos del cambio evadiendo nuestra responsabilidad como ciudadanos del presente, que por el miedo a ser tildados de alienados o faltos de crítica preferimos escondernos en nuestro nidito de prejuicios y estereotipos. Por ello, me atrevo a afirmar que la convergencia digital, lo multimodal y la multimedia, dispositivos impulsadores del cambio y no sus oscuros objetos, son un reto para la forma y sobre todo para el contenido, contenido que se hace superficial y efímero o profundo y trascendental gracias al ejercicio ético, político y estético de quien lo configura.