IMPLICACIONES SOCIALES Y CULTURALES DEL ANÁLISIS DEL DISCURSO
(Documento de lectura énfasis I)
En los últimos años se ha venido gestando, con la intervención de múltiples disciplinas, el campo de los estudios del discurso, terreno que presenta como novedad la auscultación de dimensiones antes no consideradas en el análisis de textos escritos y conversaciones, las cuales permiten dar cuenta en éstos de elementos no visibles que terminan legitimando o cuestionando ideas, prácticas y acciones sociales y culturales.
Así, el paso de la forma al sentido, del sentido a las acciones, y de las acciones a la cognición social constituye el camino mediante el cual los discursos se convierten en tramas de significado que determinan quién utiliza el lenguaje, cómo lo utiliza, con qué fin y cuándo, y que vislumbran creencias, actitudes e ideologías.
De esta manera, el análisis del discurso articula una metodología que le permite alcanzar un conocimiento de las sociedades, las culturas y los individuos que no ofrece ninguna otra disciplina, esto lo convierte en una tentativa no sólo teórica, sino además social, en tanto coadyuva al desentrañamiento de intenciones, dinámicas y sentidos propuestos implícitamente en formas verbales específicas, en enunciados y en interacciones.
No obstante, esta motivación social que denuncia las estrategias de manipulación y convierte al análisis del discurso en vehículo de la transformación social, corresponde al enfoque crítico de la disciplina, que es sólo una de las posibilidades que ofrece. En éste el analista se erige como teórico y actor social que hace explícita su posición frente a los discursos que analiza, este atributo hace que su función supere las pretensiones científicas al buscar en el desenmascaramiento del poder un mecanismo que haga factible el cambio de la sociedad.
Desde esta perspectiva, es posible afirmar que al analizar una conversación, en principio, se establecen ciertas reglas, turnos conversacionales, tópicos y secuencias discursivas, para luego ser interpretadas como unidades que construyen el discurso y que tienen su razón de ser, al conectarse y relacionarse con significados no evidentes. Es allí, pues, en la etapa interpretativa, donde la violación de reglas o máximas en una conversación, el rompimiento de los turnos, los solapamientos, el viraje en los tópicos o el énfasis en algunos enunciados se convierten en marcas que determinan las relaciones de poder latentes en la interacción, los propósitos que se buscan con éstas, los valores y las opiniones y roles sociales que intentan legitimarse.
Igualmente, en el discurso escrito se evidencian propiedades que asocian el sentido a un contexto, dominio de las condiciones de producción, y a unas prácticas y estructuras socioculturales; así en los discursos políticos, económicos, religiosos, entre otros, se perciben variaciones lingüísticas que prefiguran determinado significado, un estilo que caracteriza a los productores del discurso y una retórica que se convierte en estrategia de persuasión del receptor. Aspectos que en conjunto reflejan una forma determinada de entender y de participar en la sociedad.
Además de lo ya mencionado, existen otra serie de modalidades que interesa resaltar aquí puesto que se constituyen en parte esencial de la producción e interpretación de los discursos, éstas agrupadas bajo el rotulo de cognición son los conocimientos, marcos teóricos, presupuestos, esquemas y representaciones que en la mente de los sujetos configuran una visión de mundo particular.
Estos factores, en su mayoría alojados en la memoria, operan en el discurso y son de carácter individual y colectivo, es decir que implican apreciaciones personales, pero de la misma forma opiniones comunes; dichos dispositivos son, además, los que permiten, en gran medida, que ciertos discursos sean aceptados o rechazados con mayor facilidad, ya que lo que se construye al recibir un discurso y al emitirlo son modelos, representaciones o esquemas que encierran el sentido y las intenciones.
Nótese entonces que el solapamiento de las imposiciones y de la lógica del poder se traza como objetivo de algunos discursos que buscan crear, poco a poco, representaciones en las mentes de los individuos y en el colectivo, cuya finalidad es imponerse en el sistema ideológico y en las creencias dando origen a un ética particular que líquida las formas despóticas de dominación en apoyo de unas que actúan a través de la seducción.
En efecto, en la sociedad actual los objetos y mensajes difundidos en los medios masivos de comunicación cumplen la función que no hace mucho cumplían los discursos imperativos de las grandes dictaduras; ahora son los discursos persuasivos de la industria cultural los que controlan y legitiman, tal carácter los convierte en el caldo de cultivo del análisis crítico que muestra como aquellos reproducen unas dinámicas de coacción social que mantienen el orden establecido.
Al develar el sentido a través de los principios enunciados, -forma, acciones sociales, contexto, cognición- el análisis del discurso se convierte en un instrumento de cambio social, puesto que evidencia el eje de dominación y manipulación que fundamenta algunos textos, sobre todo, aquellos vinculados al género, la raza y la interculturalidad, los cuales manifiestan y reproducen puntos de vista que suscitan reacciones conflictivas o de consenso frente a las problemáticas surgidas alrededor de estas temáticas.
Por tanto, el análisis del discurso implica un conocimiento de las tramas sociales y culturales que subyacen a toda acción del lenguaje, y de cómo éstas apoyan o revocan prácticas y creencias implícitas en el discurso cotidiano, científico y literario; si se atiende a esto todo analista del discurso, aunque no haga manifiesta su posición como lo hacen los analistas críticos, contribuye a la transformación de la sociedad y al cambio, en tanto trabaja, desde un ámbito teórico, por el esclarecimiento de los supuestos ideológicos que subsisten en los discursos y que validan un tipo de realidad.
Esta cuota del análisis del discurso, más específicamente de su vertiente crítica, es un eslabón fundamental para subvertir desde las ciencias humanas, los condicionamientos de la sociedad actual que inteligentemente operan y se difunden desde la esfera comunicativa y que tienen en el discurso su espacio de implicación social y cultural.